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El software también envejece

Las aplicaciones necesitan un cuidado continuo para seguir siendo √ļtiles

Cuando pensamos en el paso del tiempo en inform√°tica, autom√°ticamente nos centramos en el hardware. Con los a√Īos, los ordenadores se quedan obsoletos, por ser demasiado lentos, tener poca memoria o poco espacio de disco. O bien se estropea alguno de sus componentes y el coste de la reparaci√≥n (si todav√≠a es posible conseguir repuestos) es m√°s elevado que el coste de cambiarlo por uno nuevo.

Sin embargo, y aunque parezca mentira, para el software tambi√©n pasan los a√Īos. Las aplicaciones tambi√©n envejecen y necesitan un cuidado continuo para seguir siendo √ļtiles: hay que corregir errores, mejorar su seguridad, adaptarlas a nuevos dispositivos, a√Īadir funcionalidades y hasta vigilar que cumplan con las nuevas leyes (por ejemplo, la directiva europea de protecci√≥n de datos,¬†GDPR, que entra en vigor el 2018 y obligar√° a revisar todas las webs y aplicaciones que traten con datos de usuarios).

Si la aplicaci√≥n es cr√≠tica y dif√≠cil de reemplazar por una nueva, como las bases de datos de un banco, se suele ir manteniendo mientras la tecnolog√≠a lo permite… o mientras queda alguien con el conocimiento suficiente de esa tecnolog√≠a (¬°esto explica por qu√© a los expertos en COBOL, uno de los lenguajes de programaci√≥n m√°s antiguos, se les sigue pagando tan bien!). Pero, en general, cuando una aplicaci√≥n se crea, el desarrollador suele planificar un periodo limitado y corto de mantenimiento activo. Al final de este periodo se produce el¬†end-of-life, es decir, el fin de la vida √ļtil del producto, concepto muy relacionado con el de obsolescencia programada que afecta a nuestros electrodom√©sticos (ver el art√≠culo¬†Lavadoras con muerte anunciada¬†en este mismo diario).

Esta¬†muerte¬†del software no es r√°pida e indolora, sino m√°s bien degenerativa. Paulatinamente se deja de mejorar la aplicaci√≥n y solo se corrigen errores graves y agujeros de seguridad. M√°s adelante, se elimina el producto de los canales de distribuci√≥n habituales (descarga en p√°gina web, tiendas de aplicaciones, etc.) y, como mucho, se sugieren otras alternativas m√°s modernas si las hubiera. Finalmente, la empresa detr√°s del producto lo remata parando cualquier tipo de soporte o actualizaci√≥n de la aplicaci√≥n. A partir de este momento los usuarios est√°n ‚Äúsolos ante el peligro‚ÄĚ. En el mejor de los casos, podr√°n seguir usando el software pero a su cuenta y riesgo. Sin embargo, la mayor√≠a de veces, problemas de compatibilidad entre la aplicaci√≥n y el hardware o librer√≠as externas de las que dependa van a hacer que r√°pidamente sea completamente inutilizable. En ese momento, la √ļnica esperanza son proyectos como¬†Archive¬†(que intentan preservar el software para generaciones venideras) o la¬†emulaci√≥n¬†(la simulaci√≥n por software de una plataforma hardware) y las m√°quinas virtuales, que permiten ejecutar programas antiguos en ordenadores m√°s modernos (como por ejemplo, los emuladores de consolas o m√°quinas recreativas.

¬ŅCu√°nto tiempo se tarda en pasar de una etapa a otra? Eso depende de la demanda de los usuarios y el inter√©s de los desarrolladores. Para ciertos productos como los sistemas operativos, los desarrolladores suelen marcar ciclos de vida bien definidos y f√°ciles de predecir, para que los clientes puedan planificar su compra y uso. Pero para otras aplicaciones, como una aplicaci√≥n m√≥vil o un servicio web, el desarrollador puede abandonarla en cualquier momento. Recientemente hemos tenido dos casos c√©lebres de aplicaciones que han alcanzado el fin de su vida √ļtil:¬†Microsoft Paint¬†(2017) y¬†Adobe Flash¬†(2020). En el caso de Microsoft Paint,¬†el enfado de los usuarios consigui√≥¬†salvar¬†a esta aplicaci√≥n de su ‚Äúmuerte digital.

Y por desgracia, esta situaci√≥n ser√° cada vez m√°s habitual. Las aplicaciones de hoy en d√≠a van a envejecer mucho peor que el software m√°s antiguo. ¬ŅC√≥mo ejecutar√°s tu aplicaci√≥n si tu base de datos en la nube deja de estar disponible? De hecho, en muchos casos ni siquiera hemos adquirido una aplicaci√≥n, sino el derecho a usar un servicio con lo que estaremos mucho m√°s desprotegidos ante cualquier cambio que decida el fabricante con nuestros datos, muchas veces ‚Äúcautivos‚ÄĚ en ordenadores externos. Lo m√°s recomendable en estos casos es leer detenidamente las condiciones de uso del servicio (aqu√≠¬†explican de forma comprensible las condiciones de muchos de los servicios que probablemente est√©is usando cada d√≠a) y tenerlas en cuenta a la hora de elegir servicios, por ejemplo priorizando aquellos que permitan como m√≠nimo descargar tus datos en alg√ļn formato est√°ndar.

Pero no todos son malas noticias: la desgracia de unos suele ser una oportunidad para otros. El envejecimiento del software abre muchas oportunidades de negocio, sobre todo en un contexto donde muchas aplicaciones se liberan completamente como software libre. De esta forma, cualquiera tiene la oportunidad de continuar manteniendo una aplicación que su creador original ha abandonado y quedarse con sus clientes, que estarán encantados de evitarse el dolor de cabeza de seleccionar, migrar y aprender a utilizar una nueva aplicación. Y hay soluciones hasta para cuando ni el código fuente de la aplicación está disponible. No es fácil (ni a veces del todo legal, a consultar en cada caso) pero estudiando el fichero ejecutable de la aplicación se puede llegar a obtener una versión más o menos comprensible del código fuente.

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